En cualquier rincón de nuestras ciudades, los carteles que ofrecen arreglos de ropa y cambios de cierres siguen colgados en las ventanas de algunas casas. En plena era del consumo descartable, las máquinas de coser no se callan y esto se transforma en acto revolucionario. Detrás de esa persistencia cotidiana hay una historia política e invisible que la periodista e historiadora Lorena Pérez decidió desenterrar en su nuevo libro, Modistas, las mujeres que vistieron a la Argentina, de Editorial El Ateneo.

La investigación nació lejos de las pasarelas tradicionales. “El disparador fue preguntarme si se podía contar la historia de la moda desde otra perspectiva”, explica Lorena. “La inquietud nació en 2016, tras asistir al seminario de la escritora Judith Thurman en la Fundación Gabo, en Medellín, donde profundizó sobre lo poco que se visibiliza el trabajo femenino. Durante la pandemia, revisando 20 años de archivo de Bloc de Moda, encontré la respuesta. Podía recuperar las búsquedas de mujeres de distintas épocas enfocadas en crear un vestuario funcional, en sintonía con las problemáticas y los ideales de su momento”.
Para quienes no conocen su trayectoria, Bloc de Moda no es un sitio web improvisado; es una de las bitácoras digitales pioneras y más respetadas de la crítica de moda en Argentina, con dos décadas de registro riguroso sobre la industria local. Fue justamente buceando en ese océano de información propia donde comenzó a gestarse todo. “Así nació primero «Mujeres vestidas por mujeres» en el sitio web; una línea de trabajo que obtuvo la beca del Fondo Nacional de las Artes y terminó consolidándose como el germen del libro”, detalla la autora sobre el proyecto inicial que funcionó como el cimiento de esta obra que hoy propone una lectura federal y cultural del diseño.
Leer esta obra desde la Patagonia Norte invita a mirar el mapa de la costura con otros ojos, entendiendo que el oficio textil fue, ante todo, el motor de emancipación económica de miles de mujeres argentinas. Para reconstruir ese entramado que arranca en la década de 1950, la autora tuvo que hacer un trabajo de arqueología afectiva, cruzando relatos orales con la prensa de la época y el archivo de la fotógrafa Lucrecia Plat, quien aportó imágenes inéditas de la noche porteña.
El corazón del libro se moldeó en la intimidad de los talleres. Lorena recuerda sus tardes con Rosina Corradini: “Me abrió las puertas de su casa y me mostró su archivo de recortes y cosas del taller: un cajón lleno de hilos, botones, textiles. Nos pasamos horas revisando y leyendo juntas. Resultó una experiencia gratificante porque, mientras yo le prestaba atención a ciertos documentos, ella me mostraba lo que le interesaba. Entender qué aspectos de su trabajo le parecían fundamentales —más por el gesto que por la entrevista— me ayudó a contar la historia de la última casa de moda activa de Buenos Aires desde la mirada de la protagonista”. Esa inmersión la llevó a una pregunta que atraviesa toda la obra: “Siempre me generó inquietud saber qué guardan los creadores y si tienen certeza sobre la trascendencia de su propio trabajo”.
El gran quiebre conceptual que propone MODISTAS radica en quién piensa la ropa. Cuando las mujeres diseñan para otras mujeres, la estética se subordina a la vida real. “Hice un recorte temporal que va desde los años 50 hasta el inicio de la pandemia. La historia cruza la alta costura, el Di Tella, las boutiques, el under, el rock y el diseño en Argentina pensado desde la cultura, con el foco puesto en mujeres que vistieron a otras mujeres”, detalla la autora. Ahí aparece la gran diferencia de perspectiva: “Sus propuestas eran prácticas y funcionales. Mientras un modisto varón pensaba la silueta femenina como una flor, ellas la celebraban con bolsillos, buscaban piezas que sirvieran de la mañana a la noche o prendas que trascendieran las temporadas. La identidad y la silueta se fueron construyendo según la mentalidad de cada década. La moda sirve para representar su tiempo, y estas mujeres intervinieron el vestuario cotidiano desde la vida real”.
Hoy, frente al avance del ultra fast fashion, el libro no mira el pasado con nostalgia, sino como un manifiesto de resistencia. Para Lorena, las modistas de barrio y las nuevas diseñadoras que eligen el detalle por sobre la inmediatez forman parte de un mismo cordón umbilical: “Lo veo como una resistencia. La moda rápida convive con modelos de producción que defienden lo artesanal. Aunque la tecnología acelera la forma en que experimentamos el tiempo y el consumo, las modistas siguen ahí. Los carteles en las calles y los talleres porteños donde trabajan con sus dedales y máquinas de coser son parte de nuestro paisaje urbano. Pasa lo mismo con las distintas camadas de diseñadoras que eligen privilegiar el oficio o el detalle y la calidad por encima de la imagen del momento. El oficio no desaparece, pero la decisión sobre qué producción sostener está en el consumidor”.
El libro, en definitiva, es una invitación a mirarnos al espejo y entender la ropa como un hecho cultural y político. Como concluye la autora, el objetivo de máxima es abrir un debate necesario: “Quería escribir un libro que transforme cómo entendemos y consumimos la moda en nuestro país. La idea fue posicionar a Buenos Aires como un lugar de enunciación claro, analizando el diseño en sintonía con la realidad cultural, política y social de cada momento. Ojalá esta investigación abra esa conversación pendiente sobre el valor de nuestra historia local. Entender por qué nos vestimos como nos vestimos y darle el reconocimiento que merecen a las mujeres que la hicieron posible”.








