Hay algo profundamente humano en los papeles que sobreviven al tiempo. Lejos de la frialdad de un inventario, un archivo conserva obsesiones, afectos, dudas y formas de mirar el mundo. Esa es la sensación que deja la conversación con Daniela Lucena, socióloga, investigadora que participó de Archivo Ramírez, el libro que abre las puertas del universo íntimo de uno de los diseñadores fundamentales de la moda argentina.
Lo primero que aparece no son las prendas. Es Pablo. O, mejor dicho, un Pablo que hasta ahora permanecía oculto.«El archivo es como el lado B de Pablo. Va mucho más allá de lo que conocemos de esa figura pública, de Pablo como diseñador. Está toda esa trayectoria profesional, por supuesto, pero también aparece una sensibilidad que me sorprendió mucho».
Lucena cuenta que, durante la investigación, sintió que conocía al diseñador desde otro lugar. Entre fotografías, dibujos, papeles y objetos empezó a aparecer una persona atravesada por los afectos y por una necesidad casi vital de conservar.
«Una de las cosas que más me sorprendió fue que detrás de ese diseñador hay un gran archivista. Alguien que guardó, registró e incluso intentó clasificar todo. El archivo muestra una continuidad entre su vida y su trabajo. Están esas mismas obsesiones desde que era muy joven, los afectos, su universo cultural, la música, su modo de habitar el mundo».
Quizás allí reside una de las mayores revelaciones del libro. Mientras las colecciones de Pablo Ramírez siempre transmitieron una imagen de precisión y de control absoluto, el archivo muestra aquello que normalmente permanece oculto de la vista del público. «Él hace esas colecciones tan impecables, tan impolutas… Pero el archivo muestra el caos, el desorden, lo que se borra, lo que se tacha, la prueba, el error. El registro de todo eso fue muy interesante para pensar su figura».
Ese recorrido también modificó la mirada de Lucena sobre el propio proceso creativo del diseñador. Hubo un elemento que apareció una y otra vez hasta convertirse en una especie de hilo conductor indestronable: el dibujo. «No hablo solo de bocetos —aclara—. Hablo del dibujo como una forma de pensar, de observar, de ir anotando, de registrar. Pablo dibuja todo: la pasarela, las luces, cada modelo en el orden exacto en que va a aparecer. Él por ahí está hablando con vos y está dibujando. El dibujo ocupa un lugar central en su vida desde que era un niño».
En ese gesto cotidiano aparece otra manera de entender la creación: menos ligada al resultado final y más cercana a una práctica constante de observación del mundo.
Pero Archivo Ramírez nunca se queda únicamente en la biografía. El libro propone mirar la moda como una herramienta para leer la historia argentina reciente. «La creación nunca surge de manera aislada. Las colecciones están atravesadas por referencias artísticas, culturales, pero también por las biografías que se fueron cruzando con él. El archivo te permite seguir esas conexiones y reconstruir una historia que va mucho más allá de la moda».
A medida que se recorren los materiales aparecen las marcas de distintas épocas: el quiebre de la convertibilidad en los noventa, la crisis de 2001, el nacimiento del diseño de autor, los cambios tecnológicos, las transformaciones de la industria textil y los debates sobre identidad.
También aparece una constante que define la obra de Pablo Ramírez: su resistencia a la lógica del consumo frenético y las tendencias. «Pablo fue alguien que siempre se resistió a seguir el ritmo de las tendencias. Veía que había un usar y descartar la ropa que a él no le interesaba. Por eso también adopta el negro como un modo de resistencia frente a ese cambio permanente».
Para Lucena, preservar estos materiales es una tarea urgente porque la moda tiene una relación particular con el tiempo.
«Necesitamos conocer lo que ocurrió antes para entender lo que está pasando en el presente. El archivo permite reconstruir trayectorias, analizar procesos y entender contextos. No es una mirada nostálgica. Lo que nos interesa es generar herramientas para comprender el presente y proyectar nuevos sentidos hacia el futuro».
Esa idea también atraviesa la identidad. Las colecciones de Pablo Ramírez dialogan con próceres, con Eva Perón, con el tango, con la literatura, con los símbolos nacionales y con homenajes políticos como el uso del pañuelo blanco por las Madres de Plaza de Mayo. Pero nunca desde la copia literal. «No se trata de mirar lo que pasa afuera y hacer lo mismo acá. Tenemos una historia y una realidad propias. Pablo diseña desde ese pensamiento situado. Toma esos símbolos, los vuelve contemporáneos y construye un lenguaje propio».
Quizás esa sea la mayor enseñanza que deja Archivo Ramírez. Que un archivo no es un depósito de objetos viejos. Es una forma de pensar el presente. Un espacio donde la memoria permanece en movimiento y donde la moda deja de ser únicamente vestimenta para convertirse en patrimonio cultural.
Porque detrás de cada colección existe otra historia: la de los dibujos, las notas, los errores, las pruebas y los recuerdos. Ese revés de la trama donde, silenciosamente, también se escribe la historia de la moda argentina.
Hoy toma forma en Archivo Ramírez, el ensayo editado por Fundación Medifé Edita. A través de 700 imágenes inéditas, este libro coordinado por Daniela Lucena reúne las investigaciones y ensayos de Facundo Abal, Marcelo Marino, Agustina Fernández, Sebastián Rodríguez, Ernesto Meccia y el propio Ramírez, junto a las miradas retrospectivas de Victoria Lescano, Ana Torrejón y Felisa Pinto. Con la curaduría visual de Rodríguez y Lorena Tenuta, y el diseño gráfico de Estudio ZkySky, el volumen se planta no como un depósito del pasado, sino como una bitácora viva en constante diálogo con nuestro presente.





