Antes de que el vintage fuera tendencia, era otra cosa. O mejor dicho: no tenía nombre.
Cecilia recuerda que en los años 90 buscar ropa usada era parte de una identidad cultural más que de una moda. “En ese momento buscar ropa vintage era, en realidad, buscar ropa usada para vestirnos de acuerdo a una tribu que se definía como alternativa”, cuenta. Muchas de esas búsquedas estaban orientadas a prendas de los años 70 y la ropa llegaba, como todavía sucede, a través de fardos provenientes sobre todo de Estados Unidos. De ahí el término “feria americana”.
Pero el contexto era muy distinto. “Comprar ropa usada estaba socialmente mal visto y no existía un mercado vintage como tal en Argentina”, explica. Aquella ropa estaba más asociada a la necesidad que al estilo.
Con el paso del tiempo esa percepción cambió. Lo que antes era un gesto contracultural o económico terminó convirtiéndose en tendencia. En ese recorrido aparece Cazadora Vintage, el proyecto que Cecilia Albornoz creó a fines de 2011. Durante años funcionó como una curaduría bastante específica, hasta que la pandemia produjo un giro inesperado.
“Ese período generó un fuerte revisionismo, una búsqueda de tiempos considerados mejores. Ahí se dio un boom de la moda vintage que terminó de instalarla en un lugar central dentro del consumo contemporáneo”, señala.
Hoy el vintage incluso se asocia con una idea que circula cada vez más en la moda: el llamado nuevo lujo. Cecilia, sin embargo, toma distancia de ese término. “Lujo es una palabra que no entra en mi vocabulario”, dice con franqueza. Aunque reconoce que ciertas piezas difíciles de conseguir pueden alcanzar valores muy altos. “Yo creo que se puede poner un valor justo a ítems únicos, incluso si es un pañuelo Hermès”.
El corazón de Cazadora está en la curaduría. Cecilia selecciona cada prenda según algunos criterios claros: la originalidad del estampado, la moldería y el estado de conservación. Aunque su mirada no es purista.
“Busco que la prenda pueda recircular”, explica. “No soy una purista de que lo vintage no se toca, aunque soy museóloga y eso va en contra de lo que me enseñaron”.
Quienes llegan hoy a su estudio buscan varias cosas a la vez: moda, historia, piezas únicas… y también precios. Cecilia no esquiva el contexto. “Hay una crisis económica innegable en Argentina”, dice. Y agrega: “Desde 2011 pasé por varios gobiernos con sus luces y sombras, pero últimamente cuesta más darse un gusto como es un lindo vestido”.
En ese escenario aparece otro fenómeno que transformó el mercado: el boom de los fardos de ropa americana. Para Cecilia, el impacto es claro. “Confunde y contamina la percepción de lo que es vintage de calidad”.
También plantea un problema mayor. “Es triste que nos volvamos el basurero de la ropa usada, como ya sucede en Chile”.
Frente a ese panorama, Cazadora apuesta por algo diferente: una experiencia basada en la selección y en la historia detrás de cada prenda. “La dedicación en cada pieza, la atención personalizada y mi experiencia como vestuarista marcan la diferencia”, explica. Y agrega un detalle que muchas clientas valoran: “Les gusta escuchar las historias de las prendas. Puedo contarlas porque me especialicé en historia de la moda y sus curiosidades”.
Cuando la conversación gira hacia la sostenibilidad, Cecilia vuelve sobre una idea que resume su mirada: “Comprar pensando en un mundo más sustentable es el verdadero lujo”.
En más de una década pasaron muchísimas prendas por Cazadora. No todas permanecen en la memoria. “Tengo mala memoria”, dice entre risas. “Una vez que se va una prenda me olvido… pero si la veo la reconozco”.
Sin embargo, hay algunas que quedan. Una de ellas fue una cartera Hermès de los años 60, de cuero negro con una cadena dorada labrada. Una pieza extraordinaria que recuerda con cierta nostalgia, sobre todo porque ya no está.
Desde 2021 Cazadora funciona en San Telmo, el barrio donde Cecilia vive. Antes estaba en Caballito, donde también tuvo muy buena recepción. San Telmo, dice, tiene algo especial. “Amo mi barrio, aunque ya está un poco saturado de vintage”.
Su deseo sería ver ese espíritu expandirse hacia otros lugares de la ciudad. “Me gustaría poner el vintage de moda en barrios como La Boca, donde hay el mismo espíritu bohemio y mucha belleza en sus calles”.
Pensar el futuro de la moda circular en Argentina, sin embargo, no es sencillo. Cecilia lo admite con honestidad: “Me estás haciendo una pregunta muy difícil. Me cuesta imaginar hacia dónde va la Argentina en los próximos meses”.
Mientras tanto, su trabajo sigue girando en torno a algo simple y poderoso: rescatar prendas del pasado para que vuelvan a circular. Porque, a veces, la moda también consiste en eso, darle otra vida a las cosas.
Fotos: Mariana Varela/ Cazadora Vintage







