Hay marcas que venden ropa. Y hay otras que, sin decirlo del todo, están intentando construir algo más. JS7 está en ese segundo lugar.

Lejos de las redes, no queda la marca. Queda Juan. Un pibe tranquilo, más de día que de noche, bastante lejos de la idea de diseñador expuesto. Él mismo lo dice sin vueltas: “Cuando se apagan las redes soy Juan… lo que más disfruto es la tranquilidad”.

El nombre también dice más de lo que parece. JS7 nace de algo directo: Juan Seijas y su número 7, pero con el tiempo deja de ser solo una firma. Es una especie de desdoblamiento. “JS7 se fue convirtiendo en un claro alter ego… una nueva voz en mi cabeza”. Más decidido, más lanzado, más dispuesto a avanzar donde Juan duda. No suena a estrategia de branding. Suena a necesidad. A esa forma bastante contemporánea de crear primero una identidad para poder después habitarla.

Todo empieza en el 2022 con dos remeras. Una para un recital, otra para un egreso. Fechas en el pecho, material reflectivo, una obsesión bastante clara con que lo visible realmente se vea. “En esa época tenía una obsesión con todo lo reflectivo”.

Hay algo muy de esta época en ese gesto: convertir momentos en objetos, como si eso los fijara un poco más en el tiempo. «La idea de diseño viene claramente de inspiración en lo que empezó haciendo Ysy A, que estampaba sus prendas en su casa para cada fecha del tour, con la fecha y la provincia en reflectivo, él en muchos aspectos fue una inspiración para mí, y también un manual»

La marca nació un año más tarde, después de algo de plata ahorrada, tres remeras, una publicación. Y una venta. Después otra. Y otra más. No cambia todo de golpe. Pero cambia lo suficiente. «Ver esa primera plata que pude hacer, que me hizo recuperar tan rápido lo poco que había invertido, despertó algo en mí» Y en esa frase aparece algo más que entusiasmo: aparece una posibilidad concreta. La de sostenerse con algo propio.

Eso no se suelta fácil. El punto de quiebre llega después, cuando decide probarse sin referencias evidentes. «La primera vez que sentí que podía convertirse en algo grande fue cuando lanzó la colección invierno 2024, toda con diseños propios, porque si bien ya había tenido un éxito, que fue la remera de toallín, la colección invierno no tenía ningún personaje de por medio, eran diseños 100% míos y siendo sincero, tenía 3000 seguidores y no tenía demasiada fe.»

Ahí hay un corrimiento interno: deja de ser un experimento. Empieza a parecer un camino. Hay una mirada. Una mirada que se fue armando entre zapatillas, siluetas y obsesión. Entre entender cómo otros diseñadores intervienen lo existente y lo vuelven propio. En ese recorrido aparece Kanye Wes, más como constructor de universo que como músico.

En paralelo, toda una generación que no espera permiso. El trap argentino, la lógica de hacer con lo que hay. En ese cruce: calle, música, objeto, empieza a tomar forma JS7. Pero si hay algo que termina de sostenerlo, no es el diseño. Es el vínculo.

La comunidad no aparece como discurso. Aparece como práctica. Responder, estar, generar cercanía «La comunidad hace a js7 y no es un slogan marketinero, para nada, sin el público que impulsa todo, nada sería posible, a nivel motivacional pero también a un nivel de rentabilidad, hay que ser realistas, si me quiero dedicar solo al arte, tiene que ser posible financiarlo, siempre hay que estar muy agradecido con la gente que apoya el proyecto»

En un momento donde todo tiende a automatizarse, hay una decisión clara de no correrse de ese lugar: “No quiero poner una IA a responder, tampoco a un community manager, perdería toda la esencia”.

Ahí hay una idea fuerte: sin gente, no hay marca. Y crecer, entonces, deja de ser una cuestión lineal. No se trata solo de vender más, sino de sostener identidad. “Masificar algo así… ese es el desafío”. Expandirse sin volverse genérico. Hacer que lo distinto no se diluya. No es un problema resuelto. Es una tensión constante.

En ese proceso empiezan a aparecer también ciertas validaciones. La ropa deja de circular solo entre conocidos y empieza a llegar a otros espacios, a otras personas, entre ellos, Bhavi, Milo Jota. “Vestir a alguien que admirás es muy gratificante”, dice. Pero su objetivo es más ambicioso: “Quiero colaborar… combinar su arte con el mío”.

No se trata solo de vestir. Se trata de construir en conjunto. Porque cuando una marca entra en el cuerpo de un artista, deja de ser solo ropa. Empieza a formar parte de un lenguaje. Al final, todo vuelve a lo mismo: crear. No como un plan inicial, sino como un descubrimiento que aparece y se vuelve difícil de soltar.

“Hoy en día puedo decir que descubrí mi profesión, mi pasión principal: crear.» Y quizás ahí esté lo más interesante. Porque si algo deja ver JS7, es que hoy las marcas no se construyen solo con producto. Se construyen con identidad, con vínculo y con una narrativa que todavía se está escribiendo.

 

Fotos y video gentileza JS7 Brand

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