En el tango hay cosas que todavía pesan. No hace falta que alguien las nombre para que estén: los roles, las formas, quién lleva, quién espera. Se repiten. A veces sin preguntarse demasiado por qué.

Nuestro Tango aparece más o menos en ese lugar. No como una ruptura tajante, sino desde algo más simple: una necesidad.

Detrás del seminario intensivo,  que se brindará este fin de semana, están mujeres que conocen la pista desde adentro: Marina Machado, Myriam Sibila Privitera y María Edith Bernatene. No llegan a enseñar desde afuera, sino desde lo que vienen construyendo en el Valle.

Todo empieza ahí. En las milongas, en los ensayos, en ese ir probando. “Con Silvana nos conocemos del ámbito de las milongas… empezamos a bailar juntas y de a poco nos animamos a la pista”. Después vino algo que cambió la dinámica: tomar clases haciendo ambos roles. “La experiencia fue y es hermosa… el aprendizaje es más rico, más divertido y más cuidado”, cuenta Carla una de las organizadoras.

Pero también había una pregunta dando vueltas. “Sentía que a las milongueras nos faltaba un espacio intensivo con las maestras del Valle, que son las que nos forman en lo cotidiano”. Porque sí, hay seminarios, hay festivales, hay gente que llega de afuera. Todo eso suma. Pero no alcanza. Lo que falta, a veces, es lo cercano.

La propuesta se organiza en tres palabras: presencia, identidad y comunidad. Y no es casual: cada eje está trabajado desde una mirada distinta dentro del equipo.

La presencia, a cargo de Marina Machado, baja directo al cuerpo: “ser consciente de nuestro cuerpo, del eje, de la pisada”. Volver a eso. Y en ese volver pasa algo medio inesperado: “el cerebro abandona los pensamientos rumiantes… y conecta con el aquí y ahora”.

La identidad, que trabaja Myriam Sibila Privitera, abre el juego: “descubrirnos como milongueras que bailamos todas nuestras posibilidades y que elegimos el rol que queremos hacer”. Elegir. Dicho así, parece obvio. Pero no siempre lo fue.

Y la comunidad, eje de María Edith Bernatene, cambia el foco: “entendernos como compañeras de baile y no como competencia”.

El seminario es solo para mujeres. Y no es un detalle. Tiene que ver con eso: con cómo se construye el espacio. “Crear un espacio de aprendizaje colaborativo entre mujeres”. Se nota incluso en lo pedagógico: las maestras armaron el programa juntas, se fueron sugiriendo ideas, se acompañaron.

No es solo lo que se enseña. Es cómo. Y eso cambia el clima. “Una tarde en comunidad, donde el aprendizaje es cuidado… más recursos, más presencia y más libertad para elegir su rol en la pista”. Pero también aparece algo que no siempre está: el permiso. El disfrute. “Un espacio de disfrute desde lo lúdico que quizás en otros espacios una no se permite”. Hay algo que se afloja.

En un contexto donde todo empuja a ir rápido, el tango puede ser otra cosa. No tanto como nostalgia, sino como práctica. Volver al cuerpo. “El contacto real con el suelo… el enfoque en el eje y la pisada”. Y ahí, inevitable, el abrazo. “Nos conecta y estabiliza física y emocionalmente”. Simple. Pero no tanto.

Porque en ese gesto también se juega otra cosa. “El tango nos permite preguntarnos quiénes somos en el abrazo”. Y esa pregunta no queda solo en la pista. Se la llevan.

El próximo encuentro de Nuestro Tango va a ser el domingo 12 de abril, de 15 a 20 hs, en Casa Tilo, en Neuquén. Quedan pocos lugares. Pero todavía hay ronda. Mas información en @nuestrotango.av

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